Arteria #1 Zumbido – Parte 1

Tras más de dos horas de persecución en coche, la policía de Rocket City consiguió acercarse un poco más al coche de los dos ladrones que intentaban escapar por la autopista hacia Industrial City. Habían robado una cantidad importante de monedas de oro que querían usar en beneficio propio. Estos dos hermanos eran Anthony y William Reptile, hermanos que trabajaban en el negocio familiar de… robar monedas de oro.

    —¡Madre mía, Willy! Casi lo hemos conseguido, en cuanto lleguemos a Industrial City será fácil despistarles entre las callejuelas. ¡Vamos a ser ricos!

—N-no te desconcentres de la carretera, hermano. ¡Podrían alcanzarnos en cualquier momento!

Las conversaciones de los policías de atrás eran repetir una y otra vez la misma frase: «¡Necesitamos refuerzos!», no sabían qué hacer. En un instante, por alguna parte del desierto que atravesaba la autopista, una nube de polvo se iba acercando a toda velocidad. Alcanzó a los policías como si fuesen caracoles y enseguida se colocó a la par de el coche de los hermanos.

El increible impacto hizo salirse al coche de la carretera. Quedó parado en medio del desierto. La policía quiso agradecer a Arteria por ayudar a atrapar a los ladrones, pero ésta ya se había largado del lugar, deslizándose por el páramo que mantiene Industrial City separada de todo. Aunque era en mayor parte desierto, Arteria tuvo la suerte de encontrarse con un árbol, en el que descansar y sentarse a mirar un rato el móvil, «Por fin he terminado el trabajo hoy» pensó. Ya anocheciendo, recibió una llamada de su amiga Sonia Simonson, inmediatamente contestó.

    —Hey, Ivy. Hoy vendrás al embarcadero, ¿verdad? Es viernes.

    —No sé, se suponía que esta noche iba a estudiar, si no mi madre me matará. Literalmente quizás.

    —¡JAJAJAJAJAJAJA! ¿tú estudiando un viernes? ¡¿tú estudiando?!

    —Venga, pesada, dime la hora.

Ahora que ya tenía planes, se fue usando sus poderes patinando a toda velocidad a su casa. Ni siquiera un coche la podía alcanzar, por eso no entendía qué era ese sonido que se acercaba cada vez más y más…

«¿Qué coño ha sido eso?» pensó. Cómo una persona corriendo pudo adelantar a Arteria a esa velocidad. Continuó deslizándose a ver si la alcanzaba, y efectivamente la alcanzó, pero fue gracias a que la velocista naranja estaba parada frente una roca, haciendo estiramientos. Arteria derrapó para frenar justo en frente de ella, para interrogarla.

—¡Hey! Soy Arteria. ¿Cómo has hecho eso? ¿Te dopas o algo así?—preguntó—. Ibas como súper rápido, ¿son algo así como poderes? En plan, lo que yo hago también son poderes… ¿Por qué no… hablas…?

—…—se encogió de hombros y con una sonrisa siguió en silencio—.

Arteria no entendía nada. Sospechó que era muda o algo así. Y como se formó un silencio algo incómodo se despidió y se fue a cambiarse para pasar de ser Arteria a Ivy Pryce.

 

 

 

Era viernes, las clases ya habían terminado. Todas las semanas al atardecer la mayoría de jóvenes de Industrial City iban al embarcadero de las afueras, a la orilla del mar. Como estaba abandonado no solían recibir muchas visitas de la policía. Allí iban a hacer botellón, a pasar el rato porque no hay nada que hacer o un poco de todo. Había grupos de gente que se juntaban para rapear, otros escuchaban música, jugaban juegos, otros sólo bebían… olía un poco regular.
Ivy Pryce acababa de llegar al lugar junto su amiga Sonia. Llevaban ya varios meses yendo a ese lugar, por lo que ya conocían a mucha gente de allí. De vez en cuando les paraban para saludar, pero ellas no se paraban a charlar con nadie, estaban buscando a sus amigos, que están por alguna parte.
—¿Entonces no te vas a quedar con nosotros?—Preguntó Sonia—.
—Sólo un rato, luego me iré con Todd, quiero hablar con él. Además cualquiera aguanta a Scott borracho. Que luego toca cogerle en brazos.
—Ay, deberías preocuparte más por los demás. De todas formas Scott no bebe.
—¿Que no? El agua del mar le falta.
Finalmente llegaron a unos tablones de madera, dónde se encontraba su grupo de amigos. Estaban todos sentados bebiendo.
La que ponía la música rara que nadie conocía era Rene, una chica bastante lista que compartía con Ivy el gusto por la música. Siempre hablaban de formar una banda en un futuro.
Gustavo, era uno de los mejores amigos de Scott. No tenía mucho pelo.
El Flechas nunca hablaba, y sus amigos no recuerdan el porqué de ese apodo, porque ni siquieran le gustan las flechas.
El Sapo, se puso a sí mismo el mote. Estaba algo rechoncho y es un gran fan de los superhéroes de Central City, y sobretodo de Arteria.
Entre ellos una pequeña cabeza se asomó, era Scott. Scott era un chaval de trece años, más pequeño que Ivy y Sonia. Era bastante extrovertido y algo chulo para una persona de su edad. Se consideraba el líder del grupo aunque no lo fuese. Scott se levantó, tambaleándose y casi derramando el vaso que tenía en la mano para dirigirse a Ivy y Sonia.

—Hey, chicas, ¿cómo estáis?
¿Queréis un poco?—les ofreció el vaso que llevaba en la mano—.
—¿Qué lleva?—preguntó Ivy muy desconfiada

—No lo sé, me lo han dado por ahí.

—Pues pa ti

Sonia sí que le pidió un poco de ese vaso. Los tres se sentaron con el resto del grupo, éste le dio la bienvenida a las recién llegadas.

Sonia se sentó al lado de Scott e Ivy al lado de Rene.

Rene le preguntó a Ivy que dónde estaba su guitarra y ella le contestó que se le había olvidado, aunque la verdad era que no tenía ganas de cargar con ella toda la noche. Scott, Sonia y Gustavo empezaron a criticar y reírse de los profesores que tenían en común en el instituto.

—El Sr.White de Biología tiene cara de perro—dijo Gustavo riéndose.

El Sapo llevaba un rato callado queriéndole preguntar algo a Ivy aunque no era capaz, ya le había pedido antes a Sonia que lo preguntara por él. A Sonia le gustaba ayudar a la gente, así que no tuvo problemas en ayudar. Sapo le empezó a dar pataditas a Sonia y así acabó recordando.

—Ah, oye… Ivy. El Sapo quería preguntarte sobre Arteria, ya sabes lo que le gustan a él los superhéroes…

Ivy se empezó a poner un poco tensa

—¿Sobre Arteria? ¿Quién es esa?—no sabía improvisar muy bien.

—¿Cómo que no lo sabes, loca? Si sale a menudo en las noticias—dijo Scott.

—Claro, seguro que la conoces—insistió Sonia—. Además, se sabe que Arteria suele trabajar con la policía, por lo que tu madre la conocerá, ¿no? A El Sapo le gustaría conocerla, y a lo mejor tú podrías contactar con ella.

—¡Ah, sí, bueno! Algo me habrá contado mi madre sobre ella, pero suelo pasar cuando se pone a hablarme de su trabajo.

—Fuá, ¿habéis escuchado la nueva canción de Flo Rida?—preguntó Scott cambiando de tema—. Right Round creo que se llamaba. Rene, trae pacá el altavoz, os la voy a poner.

En ese instante entre la multitud, Ivy logró vislumbrar a lo lejos a su novio Todd. Inmediatamente se levantó para irse con él y se despidió del grupo.

—¡Bueno, chavales, me voy con Todd! Que le he visto por ahí. Taluego.

Sus amigos se despidieron y esta se metió entre la gente para buscarle. Cuando lo encontró Todd se sorprendió bastante. Se dieron un beso y abrazos, comenzaron a hablar sobre cómo les había ido el día. Ivy obviamente omitió las partes en las que es Arteria, y Todd omitió algunas que otras partes también. Estuvieron paseando un rato por el embarcadero hasta que se sentaron en una zona algo más alejada donde no había nadie para estar a solas.

Excepto sus padres, nadie más sabía que Ivy era Arteria. Llevaba dándole vueltas al asunto largos meses, y esperaba que hoy fuese el día en que le contaría a Todd acerca de su otra identidad y cómo consiguió sus poderes. Todd era su novio, y estaba segura de que podía confiar en que no se lo contaría a nadie.

—Oye, Todd—rompió el silencio finalmente—.

—Dime.

Había llegado el momento, por fin se quitaría ese peso de encima. No le gustaba tener que ocultarle algo así a la persona en la que confía, seguro que Todd se lo tomaría bien, ¿pero y si no lo entiende? ¿Y si se asusta y me deja? En la cabeza de Arteria comenzaron a rondar todas estas preguntas.

—Pues… verás…

Conforme ésta conversación estaba teniendo lugar, desde el inicio de las gradas una persona entre la multitud avanzaba a paso rápido hacia la pareja, haciendo que Todd interrumpiera a Ivy y de un respingo se levantase. Tenía el pelo largo y castaño, vestía una camisa y era bastante atractivo, aunque traía cara de mala hostia.

 

—¡¿Á-Águila?! ¿Qué haces aquí?

—Teníamos un trato, tío. Te estuve esperando la otra noche y no viniste. Me prometiste que harías ese trabajo conmigo.

—Y una porra, tío. Esas movidas en las que te metes no me gustan, no quiero saber nada de eso. Ivy, ¿te importaría irte un momento? Me gustaría hablar con Águila en privado. Perdóname.

—No te ralles, Todd.

Ivy se levantó y se fue por el mismo lugar por el que Águila vino. El tema del que estaban hablando le daba algo de curiosidad. «¿Hablarían de algo ilegal? Espero que no, porque como los pille mi madre me va a obligar a detenerlos. Al final no le conté eso a Todd… bueno, otro día será.»

Ivy estuvo buscando a sus amigos por el embarcadero hasta que finalmente se le apareció Scott. Parecía que estaba algo borracho. Siempre se sorprendía al ver el aguante que tenía bebiendo para ser un niño de mierda de trece años. Scott siempre le repetía que tenía un truquito. También le molestaba que le llamasen niño de mierda cuando Ivy tenía sólo dos años más que él.

—¿Has visto a tu ex?—dijo Scott—.

—¿Eh? No, hace días que no hablo con ella.

—Fua, es que quería probar a ver si conseguía ligármela, jeje.

—Lo que tú digas. ¿Dónde está Sonia? No me lo digas, ya la busco yo.

 

Desde este momento todo siguió normal como un viernes cualquiera.

 

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