Poorman 2

Por la noche me refugio del frío con fuego. En las orillas del río, todas las noches, gente que no tiene prácticamente nada, como yo, vienen a quemar barriles para calentarse y compartir la poca comida que han encontrado durante el día con los demás.

Yo no suelo hablar mucho con nadie, y menos ahora. Nadie puede saber que soy un superhéroe o les podría poner en peligro, en los cómics es así, y tiene sentido, creo.

Aquí nadie parece feliz. Es normal, yo tampoco lo soy. Nadie lo sería en estas condiciones. Quién sabe los motivos por los que estas personas han llegado aquí, pero dudo que alguien se merezca esto. Bueno, yo si, por tonto.

Escuché detrás mía a dos vagabundos hablando, tenían un tono de voz bastante alto, así que les pude escucharles.

— Hoy no he conseguido una mierda. Me voy a morir de hambre.

— No te preocupes, hoy he conseguido un montón de comida por Tiraflores.

— ¿Tiraflores? ¡No te acerques a ese barrio, tío! Dicen que por ahí han visto a Blacksweater.

— ¿Blacksweater?

— Sí, también lo llaman “Sudadera negra”. Es un asesino a sueldo muy fuerte, podría matarte con un golpe si quisiese.

¿”Blacksweater”? ¿He oído “Blacksweater”? Ese hombre es un hijo de puta, y uno de los responsables de que yo esté así, es del tipo de personas que el mundo no necesita, haría bien en darle una lección, además, me quitó lo que más quería… esta noche le buscaré, y Poor man le dará una lección.

Estuve buscando por los lugares más lógicos en los que ese asesino podría estar. Pocos minutos, el silencio de la noche se rompió por el ruido que hacían un grupo de personas al final de la calle. Me dirigí hacia allí, a ver qué era. Vi a un montón de personas con malas pintas entrando a un bar cutre.

¡Lo encontré! ¡Está con esa gente entrando al bar!

Entré al bar a por él, había bastante gente, la mayoría de ellos parecían macarras, delincuentes, y más cosas. No hay que juzgar a nadie por su apariencia, pero es lo que parecían, además, estaban armando bastante jaleo. El dueño del bar parecía asustado. Es normal, teniendo en la barra a Blacksweater. Allí estaba, sentado, sin hacer ni un solo movimiento y sin mover ni un músculo.

— ¡Blacksweater, ¿te acuerdas de mí?!

Blacksweater se giró y me miró. En ese momento toda la gente del bar se quedó en silencio y dirigieron su mirada hacia mí. Me cagué de miedo.

— Eh… eh… ¿te acuerdas de mí? Soy el capullo al que intentaste matar, pero fallaste. Aún así, te llevaste un par de vidas por delante, eh, campeón.

La gente empezó a gritar amenazándome e insultándome, pero seguí.

— Me dan asco las personas como tú. Le quitas la vida a la gente sólo por dinero. ¿Te crees que tienes derecho a ello? Eres la mierda de esta sociedad. Sin ti, el mundo sería un lugar más limpio. Por eso, voy a acabar contigo, prepárate.

¿Quién es esa? ¿De dónde ha salido? Da igual, me ha salvado la vida. Creia que estaba de mi lado hasta que abrió la boca.

— A ver, idiota: te he dicho mil veces que nada de matar a alguien a no ser que te paguen por ello. Nos podemos meter en problemas gordos, ¿sabes?

— Eh… ¿quién eres tú?—al decir esto me di cuenta de que me he roto varios huesos, y duele un montón

— ¿Qué te importa?

— Nada, quiero saber el nombre de la persona que me ha salvado.

— En realidad no te he salvado, tan solo he parado su golpe porque el hombre este la lía. No te voy a salvar a ti que ni siquiera sé quién eres.

— ¡Soy Poor man!

— Muy bien por ti.

Me gustaría haberme levantado y pegarles una paliza a los dos aunque no sea lo correcto, pero estoy aquí paralizado en el suelo por el intenso dolor y noto como voy perdiendo el conocimiento.

Doy un poco de pena.

 

 

La luz del Sol que me daba en la cara acabó despertándome. Intenté levantarme pero cada movimiento que hacía aumentaba mi dolor en varias zonas de mi cuerpo de forma intensa. Observé a mi alrededor. Este sitio no me suena, ¿estoy en una chabola?

De pronto me pareció escuchar pasos en el exterior. Alguien se acercaba, cada vez se escuchaba más cerca. Una sombra tapó la pared, entró rápidamente.

— ¡Eh, por fin despiertas! ¿Cómo estás?—El hombre me hablaba con toda la confianza del mundo—.

— Pues… me duele todo el cuerpo. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

— Pff, desde anoche. Te dejaron muy malherido.

¡Es verdad! Recuerdo que BlackSweater me dio un golpe muy fuerte que me dejó en el suelo… ¡Un momento, mi traje! Miré mi cuerpo y me toqué la cara para comprobar si lo tenía puesto, pero no. Me puse nervioso y empecé a buscarlo con la mirada por todos los rincones de la chabola. El señor que estaba conmigo se rió.

— Jaja, tranquilo. Tu traje lo estoy lavando en el río, no te preocupes, supongo que no querrás que le diga esto a nadie. Eres un superhéroe de esos que salen por la tele, ¿no? Aunque bueno, tu estás más sucio y pareces un tío de la calle como yo, ¿quién eres?

— Soy Poor man. Vivo en la calle porque soy pobre, lo perdí todo hace unos años y hace poco decidí ayudar a la gente con sus problemas y hacer de esta ciudad un lugar mejor.

— JAJAJAJA, pero si tú necesitas más ayuda que nadie, tío. Estás loco, ¿sabes que ya apenas quedan superhéroes? se podrían contar con los dedos de una mano, los están matando a todos, tío, pero me gusta cómo hablas… ¿has leído lo que ha pasado hace unos días?—dijo mirando al periódico—.

Me quedé intrigado por haber sacado ese tema. Le dije que me lo diese. La noticia estaba en todas las páginas. ¡¡HAN MATADO AL ALCALDE!! Y no sólo eso, se lo han comido. Al parecer, dos personas entraron en su despacho y lo mataron en el momento. La policía desconoce los motivos de por qué hicieron eso.

— Dios… el alcalde ha muerto…—me quedé sin palabras—.

— El alcalde ha palmao. Por cierto, soy El Pesao, me llaman así, encantado.—”El pesao” siguió hablando pero yo no le escuchaba, solo podía pensar en lo que había leído. La ciudad está cada vez peor, dos personas han podido matar al alcalde de la ciudad sin muchas complicaciones, y encima después de esto habrá un caos en toda la ciudad. La delincuencia aumentará… ¿en qué demonios me he metido? No puedo hacer nada ante todo esto… bueno, podría intentarlo, pero no será nada fácil, tendré que entrenarme mucho.

— ¿Tienes hambre? Toma, robé esta bolsa de patatas fritas de un kiosko—se sacó la bolsa de un bolsillo de la chaqueta y me la dio—.

— Gracias, lo necesitaba. Me la comeré por el camino, me voy.

— ¿Te vas? ¿Después de la paliza de ayer quieres seguir por ahí dando palos a la gente con esa tubería? Ni siquiera estás curado de tus heridas.

— Esta ciudad tampoco está sanada de sus heridas, y tengo que ayudarla.

— Qué poético… bueno, si te vas a ir, toma esto, creo que te hará más falta que a mí. Por si las cosas se ponen feas…—me dio una navaja, me la guardé en el bolsillo—.

Cogí mi traje y me lo puse, el paquete de patatas no era mucho pero al menos me quitó algo de hambre y me dio algo de fuerzas para salir por ahí.

Estuve dando paseos por las calles durante un buen rato para ver si veía algo de lo que ocuparme. Era de día y la gente me miraba raro, pero no me importaba. Me encontré con una cartera tirada en el suelo, tenía dinero dentro y datos personales del dueño, en los que se encontraba su dirección y su nombre. Decidí ir a su casa a devolvérsela. No soy un superhéroe multimillonario de esos que se ven en las películas o en la tele, así que tuve que ir hasta la casa del dueño por mis propios medios… en autobús.

En el autobús la gente seguía mirándome raro. De hecho la señora que estaba al lado de mí se cambió de sitio. Creo que es porque huelo mal, aunque no sé a qué se esperaba que oliese si vivo en el sitio donde seguramente ella eche sus desperdicios.

El viaje estuvo tranquilo hasta que el autobús frenó de repente. Por la ventana podía ver en el exterior gente corriendo y gritando. El conductor abrió las puertas para que todos saliéramos. Salí del autobús para ver qué ocurría. Justo arriba de mí, a mi derecha, había una ventana de un edificio echando un montón de humo, como si hubiera un incendio o algo.

La gente estaba exhausta, todos miraban aquel edificio con temor. Nadie sabía qué había pasado exactamente, y la policía aún no había llegado. Me apresuré hacia el edificio, la gente salía de él a toda prisa, supongo que eran los que vivían en él. Le pregunté a una de las últimas personas que salió, era una mujer algo mayor.

— ¿Qué ha pasado?

— ¿Quién es usted?—preguntó algo desconfiada, seguramente por mis pintas—.

— Eso no importa ahora. Responda a mi pregunta.

— Eh… esto… pues… ha habido una explosión o algo así.

Agradecí a esa señora su ayuda y entré al edificio. Parece que ya estaba toda la gente fuera. No parecía haber nadie más atrapado allí por la explosión, quizás no haya sido tan fuerte. Conforme subía notaba más mi nerviosismo por lo que estaba pasando y me preguntaba sí lo poco que había comido me daría fuerzas para lo que me espera, aunque obviamente no. Escuché ruidos dentro de una casa del tercer piso. La puerta parecía estar abierta, por lo que me acerqué lentamente hacia ella sin hacer ningún ruido.

Lo dejé tirado en el suelo, pero fui un idiota. Cuando me quise dar cuenta, al otro lado de la puerta había otro tío con una pistola apuntándome a la cabeza, y junto a él, otros dos tíos más, con cuchillos.

— ¿Quién te has creído que eres, colega? ¿Te crees que vas a venir a joder lo que estamos haciendo tan fácilmente? Vamos, tira esa tubería—dijo el tipo que me apuntaba—.

Preferí quedarme callado y hacerle caso de momento. En la habitación tenían a un rehén arrinconado, no sé para qué lo quieren, tendré que averiguarlo. Uno de los que iba con cuchillo habló.

— ¿Crees que será cosa de ella? ¿Nos habrá mandado a un tío a detenernos?

— No lo sé, ella suele trabajar sola, pero no sería de extrañar que lo haga por el simple hecho de jodernos. Tú, ven aquí.—me rodeó con un brazo y con el otro me apuntó a la cabeza con la pistola. Me llevó hasta el rehén así y le preguntó.

— Tú, llama a la punky esa, quiero hablar con ella.—el rehén le hizo caso porque si no lo hace sabe que no acabará muy bien, y con las manos temblorosas, cogió su móvil y llamó a quién se le ordenó—.

Sonaba comunicando, mientras esperaban a que alguien cogiera el móvil decidí hacer algo. Di un cabezazo hacia atrás, dándole en la cara al tipo que me apuntaba, en ese segundo le quité el brazo con la pistola de mi cabeza. Se le escapó un disparo hacia el techo. Ahora que no me apunta le meto un placaje lo tiro al suelo, acabando yo encima de él sujetándole el brazo con la pistola. El rehén saltó a por uno de los que tenía un cuchillo, eso no me lo esperaba. Entre tanta confusión le quité la pistola al tipo y la tiré por la ventana.

— Eres tonto, podrías haber usado la pistola a tu favor—dijo el tipo—.

— No soy capaz de matar a una persona, para qué te voy a mentir. Soy nuevo en esto.

— ¿Te crees un superhéroe? Yo que tú me retiraba, chav—le metí una patada en la boca para que se callara—.

El rehén dejó fuera de juego a los tipos con pistolas, no sé quién es, pero dudo que estos tíos lo hayan cogido al azar. Aprovecho para agarrar al de la pistola por el cuello y llevarlo hacia la ventana.

— ¿Qué estás haciendo?

— Voy a decir unas palabras a la gente de la calle.

Llegué a la ventana con el susodicho, daba a la calle, era bastante grande, se me veía el cuerpo casi entero desde fuera. En la calle había mucha gente mirando al edificio, esperando a que algo pasase, la mayoría serían vecinos, supongo. Los otros serán personas que pasaban por allí y se han quedado a mirar el edificio con humo, parece que también estaba la prensa. Me asomé por la ventana, poco a poco todos se dieron cuenta de que estaba ahí, y comenzaron a mirarme. Es hora de que el mundo me conociese.

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