Gerón Magnarisa

Gerón Magnarisa, heredero del modesto clan Magnarisa, era un chaval conflictivo desde su más temprana infancia. En cuanto pudo hacer uso de razón encaminó ese intelecto a buscar nuevos métodos para poner a prueba la paciencia de sus padres. El don innato que poseía para la magia tan solo lo hacía más insufrible.

Una vez alcanzada la adolescencia las jugarretas se le quedaron pequeñas. Desvió su atención a objetivos mayores para crear la máxima discordia pública. Fue en ese empeño que descubrió la música orca. Siempre se había decantado por las artes auditivas, ya fuesen los chillidos, melodías o mentiras; y los átonos orcos con sonidos discordantes y disruptivos conectaron con él. Aprendió en poco tiempo a entonar sus cánticos sin entender ni una sola palabra y a los pocos meses componía canciones de una gramática chapucera y un vocabulario casi nulo.

Muy pronto la infamia de sus conciertos se extendió por la comarca. Aquellos que habían presenciado sus actuaciones extendían la leyenda del mediano «que cree que chillar es música». Gerón nunca se molestó en defender sus actuaciones. Para él, la reputación de chillón era perfecta. Los que quisiesen oírle reconocerían su estilo y vendrían, mientras que los que no estuviesen interesados conocerían los dichos y le evitarían. Menos conflictos en sus conciertos.

Pero la audiencia que esperaba nunca apareció. Pasaron los meses, luego los años, y su audiencia no hacía más que descender. Ocasionalmente algún viajero se acercaba, curioso, y asistía a uno de sus conciertos. Nunca más de uno. Al día siguiente ya estaban fuera del pueblo con los tímpanos aún resonando en su cabeza.

Desesperado pero cabezota, Gerón buscó los extremos. Música más potente, letra más chillona. Más, más, más. Rebuscó en sus apuntes de la lengua orca, más profundo, más extraño. Atrapado en una espiral de creación en la que nada le satisfacía. Cada canción que terminaba la veía burlándose de él, exigiéndole más.

Después de varios días sin dormir cayó inconsciente. Al despertar vio la última partitura que había escrito. Caótica. Furiosa. Visceral. Una sonrisa se dibujó en sus comisuras. Primero un tic en los labios, luego una sonrisa con todos los dientes y terminó con una carcajada que heló la sangre a aquellos que la oyeron.

Esa misma noche lo dispuso todo. Cuando el teatro del pueblo terminó Gerón instalo sus instrumentos y decoración y se preparó para una noche de metal. Ahí mismo, en la soledad del escenario con tan sólo el cielo por audiencia tocó como jamás había tocado. De sus dedos salía emoción pura, su laúd gritándole al universo. Su boca desafiando a los elementos a callarla. Una tormenta se formaba a su alrededor pero Gerón seguía tocando. Las primeras gotas de lluvia sonaban como los aplausos que nunca tuvo. Y a más tocaba Gerón, más se enfurecía la tormenta. Los truenos rivalizaban con su música en estruendo pero el mediano no se achantaba. Acorde tras acorde, estrofa tras estrofa, lo que comenzó como un concierto solitario se había convertido en un desafío al mundo y la tormenta se enfrentaba al minúsculo músico.

No paró hasta el amanecer. Ni Gerón, ni la lluvia. El sol daba comienzo a un día gris y frío, pero a Gerón no le molestaba. Tirado sobre el escenario, absolutamente exhausto, riendo como un maníaco. Había ganado a la misma tormenta y esta se retiraba con la cola entre las piernas.

Cuando pudo erguirse vio una figura en las gradas. Un orco imponente de tres metros de alto, con un solo ojo en el rostro.

Sonriendo.
-¿Me harás el favor de confesarme tu nombre?- retumbó su voz como un trueno.
-Gerón…-dijo.- Gerón Magnarisa.
El orco se levantó de su asiento y se acercó al escenario. Caminaba despacio, con decisión. Su ropa tintineaba, llena de cachivaches y abalorios. Al llegar hasta él extendió una mano vieja, llena de cicatrices. La sonrisa no había desaparecido de su rostro en ningún momento y casi riendo dijo:
-Gruumsh.

Así es como Gerón Magnarisa entró al servicio de Gruumsh, dios orco de la tormenta.

Una historia cortita para probar la sección de novelas. Termina en cliff-hanger, aunque no tengo pensada ninguna continuación.

¡Espero que os guste!

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