Cold Armony Capítulo 2

No humano
Asvard continua su trayecto cabalgando sobre aquel caballo que había tomado en el camino, aunque había anochecido, el cielo estaba despejado por lo que la luz de luna alumbraba el recorrido, aun así, él estaba a punto de detenerse y acampar por su propia cuenta, pero desde lo lejos observa una fogata por lo que decide acercarse.
Al estar unos cuantos metros de la fuente de fuego, decide acercarse cautelosamente, por lo que se baja del caballo y luego observa desde uno de los arbustos. Allí se encontraba un hombre corpulento y pelirrojo cocinando una pierna de cerdo en la fogata. A pesar del lugar donde se encontraba y de que  estuviera solo, el hombre se veía bastante tranquilo y despreocupado disfrutando su comida.
 
Pero en ese momento aparecen tres bandidos, uno de ellos muestra su espada y amenaza al hombre que acampaba.
 
—Esa armadura y esos guanteletes se ven valiosos. Deberías darnos tus armas, tu caballo y tu comida. Al menos si quieres vivir un poco más.
 
El hombre pega un fuerte mordisco a la pierna de cerdo y dice mientras mastica.
 
—No ven que estoy comiendo. Ahora no es buen momento para pelear.
 
El bandido se enoja e inmediatamente intenta cortar al hombre pelirrojo con su espada. Pero en ese momento ese hombre desaparece y luego aparece al lado de un hacha rojiza, la cual parece ser su arma.
 
Luego vuelve a aparecer detrás del bandido que lo amenazaba y al momento de aparecer le corta la cabeza con su hacha. Los otros dos quedan sorprendidos. Aquel tranquilo hombre dice sonriendo:
 
—Ahora que saben mi secreto no les puedo permitir irse con vida.
 
Uno de ellos suplica.
 
—No le diremos a nadie.
 
El hombre pelirrojo saca de su bolsa, tres carteles de se busca, en cada uno de ellos estaban los rostros de los tres bandidos. Luego dice:
 
—Aun así, dan una recompensa por sus cabezas y no puedo desaprovechar la oportunidad de que hayan venido hacia mí.
 
Los dos bandidos empiezan a correr asustados. Pero el hombre vuelve a tomar su hacha y aparece otra vez detrás de uno de ellos y lo decapita. Simultáneamente realiza la misma acción con el otro sujeto. Luego procede a recoger la cabeza de los tres hombres en un costal.
 
Asvard al observa la escena piensa:
 
“Ese sujeto, ha conseguido una reliquia”
 
Pero aquel hombre había percibido que estaba siendo observado en los arbustos y luego le llama la atención.
 
—Oye, sé que tú también estás viendo, eres pésimo escondiéndote.
 
Tras ser descubierto se acerca al lugar y se presenta un poco nervioso.
 
—Oh hola, si y yo también vi lo que acabas de hacer.
 
El hombre pelirrojo, toma su hacha y lo observa cautelosamente, aunque la sonrisa en su rostro indicaba que no estaba del todo preocupado. Pero Asvard al ver su reacción materializa unos cuantos copos de nieve con su mano derecha, los cuales flotan en un leve viento frío y comenta:
 
—Humano, ¿Dónde has conseguido esa reliquia? la tomaste de Neder.
 
El hombre pelirrojo responde:
 
—Puede que suene extraño, pero la encontré en una cueva, y la tuya donde la obtuviste.
 
Asvard responde con un tono arrogante, mientras su piel se torna de color azul:
 
—No necesito de esos artefactos. Yo ya nací con estos dones.
 
El hombre pelirrojo queda perplejo y vuelve a tomar su hacha con firmeza y dice decidido:
 
—Entonces eres un dios.
 
A pesar de que mostraba su piel azul y su aspecto pseudomistico, él contesta resignado:
 
—No soy ningún dios, pero aun así soy de una raza superior a la de los humanos, así que es inútil que trates de matarme con esa hacha, así que no me das miedo.
 
El hombre pelirrojo procede a hablar:
 
—Las reliquias son tesoros que despiertan el potencial interno de cada persona, la razón por la que los reyes las buscan es para superar a los dioses.
 
Pero el joven muestra una cara seria y dice resignado:
 
—Claro que sé eso, y es un hecho completamente decepcionante. Mejor me voy.
 
Pero el hombre pelirrojo le comenta:
 
—¿A dónde vas? no vas a luchar ni nada por el estilo.
 
Asvard responde:
 
—Ya sacié mi curiosidad, no voy a pelear por ninguna tontería.
 
El hombre pelirrojo responde:
 
—Para ser un dios, te ves muy humano y además pareces ser buena persona. Por cierto, mi nombre es Viggo, no creo que quieras pasar la noche solo.
 
Tras escuchar eso, Asvard se detiene, suspira, otra vez adquiere su aspecto humano y dice:
 
—Está bien, supongo que algo de compañía no está mal.
 
Luego Viggo comparte con su invitado la fogata y la pierna de cerdo, y a su vez le hace unas preguntas.
 
—¿Y qué hacías por estos caminos? ¿Te diriges a Neder, a Ois, a Belia o a ciudad Fortaleza?
 
El joven pelinegro responde mientras se acomoda el sombrero:
 
—Claro que no, solo andaba sin ningún rumbo por estas áridas tierras. Me estaba quedando en una vieja choza, cuando llegue el lugar había sido saqueado y los ocupantes asesinados. Lo único que podía hacer era enterrarlos y a su vez sobrevivir con la poca comida que quedo.
 
Suspira un momento y sigue narrando:
 
—Y bueno he enterrado muchos otros cadáveres, la verdad lo único que he hecho aquí es limpiar los desastres que ustedes los humanos provocan.
 
Viggo tras escucharlo comenta:
 
—Eso quiere decir que eres el Dios de la muerte.
 
Asvard lo mira serio y responde:
 
—Y tú que sigues con eso de que soy un dios, de cierto modo yo también nací, tengo necesidades y puedo morir como todo ser vivo. Supongo que Dios debe ser algo más grande.
 
Pero él responde sonriendo:
 
—Eres bastante modesto y un poco raro para expresarte, lo mejor sería que me acompañaras, con la situación actual de la región no es conveniente andar solo.
 
El joven pecoso suspira y mira al suelo:
 
—Compañeros, pero si acabas de conocerme, yo no suelo encariñarme con los humanos. Cuando era más joven tenía unos dos amigos y a mi madre, pero ahora están muertos y ahora vago solo. Los reyes suelen sentirse protegidos en sus fortalezas y custodiados por sus ejércitos, pero en el fondo todos los humanos son frágiles. Ni siquiera esa reliquia va a salvarte de la muerte. Y esa es la razón por la que estoy aquí en este lugar horrible, para ver la debilidad de los humanos, no es que sea sádico, es solo que en esa debilidad veo algo de belleza, es como ver su verdadera naturaleza, ver su fragilidad y luego acabar con su sufrimiento.
 
Viggo escucha ese desolador discurso mostrándose desconcertado.
 
Asvard pregunta:
 
—¿Y tu hacia donde te diriges?
 
Viggo responde:
 
—Estoy viajando hacia Belia. Voy a cobrar la recompensa, y veré que otra misión puedo tomar. Soy mercenario, y no pertenezco a un ningún reino. Así que puedo tomarme la libertad de escoger por quien luchar.
 
Asvard dice tranquilo:
 
—Tampoco es que tengas rumbo fijo, en ese caso yo también voy a acompañarte.
Ambos acampan y a la mañana siguiente parten hacia la ciudad.
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