Cold Armony Capítulo 3

Reunión familiar

Asvard y Viggo se dirigen hacia Belia, es mediodía y el fuerte calor tenía fatigados a ambos jinetes y sus monturas, mientras siguen cabalgando por un árido camino pedregoso. En ese momento a su lado derecho, encuentran un pequeño estanque, en el cual se encontraba un antílope calmando su sed.
 
Viggo en ese momento se baja del caballo y toma su hacha, pero Asvard le llama la atención.
 
—Déjamelo a mí.
 
Luego empieza a concentrar energía fría en sus manos, la cual se condensa formando un afilado disco de hielo. El antílope termina de beber y se retira del sitio, pero en ese momento Asvard enfoca su arma la cual empieza a girar rápidamente y luego le corta la cabeza a la bestia sin que esta se dé cuenta que estaba siendo acechada.
 
Viggo dice sorprendido:
 
—¡Que buen corte!. Debes ser bastante bueno en combate.
 
Asvard dice con un tono despectivo:
 
—Tonterías, yo no desperdicio mis poderes peleando, solo los utilizo para sobrevivir.
 
Ambos descansan en el lugar, comen carne de antílope y calman su sed en el manantial y luego se dirigen hacia Belia.
 
Tras un caluroso trayecto de tres horas llegan a su destino. Divisan una pequeña ciudad amurallada. Al entrar al lugar se veía una arquitectura constituida por modestas casas blancas hechas con adobe y ladrillos de arcilla.
 
La gente que se veía en la calle caminaba tranquilamente, comerciaba y proseguía con sus asuntos mundanos, pero lo más llamativo para Asvard, era ese espacio para la demostración de fe. El templo era la edificación más vistosa de la ciudad y la plaza central de la ciudad en la cual había una estatua de tres metros en el centro de este lugar, en la cual estaba tallada la figura de un hombre corpulento. Una mujer rezaba fervorosamente ante la estatua. El joven observa con recelo y comenta:
 
—Parece que la gente de esta ciudad son adoradores del dios Zertal.
 
Luego ellos entran a una especie de taberna y Viggo cobra la recompensa. Al ver las monedas de oro, Asvard comenta:
 
—Es una buena cantidad de dinero. Supongo que guardaras esas monedas como fondos para la siguiente misión.
 
Pero luego anochece y Viggo inmediatamente gasta su recompensa.
 
Ahora él se encontraba en un prostíbulo tomando cerveza rodeado de dos bellas mujeres. Asvard quien lo acompañaba se sentía bastante incómodo. Viggo al notar la reacción de su compañero le comenta.
 
—¿Que sucede amigo, te ves muy nervioso?
 
Él responde titubeando:
 
—Bueno la verdad no estoy muy acostumbrado a estar con mujeres y menos a unas mujeres tan vistosas como estas, que rayos se supone que estamos haciendo.
 
Viggo se tapa la boca para disimular su notable risa y luego comenta.
 
—Parece que el dios de la muerte, ni siquiera sabe cómo comienza la vida.
 
Luego dos mujeres se sientan al lado de Asvard, una de ellas coloca su mano sobre su hombro y le dice con un tono coqueto.
 
—Oh, pero si eres muy tierno, yo te quitare esa timidez.
 
Asvard se encuentra completamente sonrojado. Pero luego ve a una persona que le llama mucho la atención. Era un hombre enorme de unos dos metros y canoso. Se encontraba rodeado de cuatro mujeres, a las cuales acariciaba tranquilamente. Además, mostraba una confianza arrolladora mientras se regodeaba de su lujuria. Luego se muestra completamente serio y se acerca hacia aquel hombre, y luego le dice con un tono despectivo.
 
—Que coincidencia encontrarte en su sitio así, padre.
 
El hombre voltea y observa a Asvard con una sonrisa, y luego lo coge de la cabeza y lo levanta con bastante facilidad y luego lo sienta a su lado.
 
—Parece que mi mejor hijo ha venido buscarme o acaso solo viniste a divertirte.
Ante la respuesta de su padre, él responde:
 
—Sé que este no es el mejor lugar. Pero necesito que me cuentes algunas cosas.
 
El hombre dice:
 
—No podrías buscar otra forma de entretenerte, vamos que tienes un buen ojo, podrías reconocer a alguna de las mujeres de aquí con solo ver alguna parte de su cuerpo.
Asvard responde:
 
—Eso puede quedar para después. Quiero que me digas.
 
El hombre levanta la voz y dice:
 
—Oigan todos, mi hijo está aquí insistiendo que les cuente algo muy importante, ya que, por mi parte, querida gente, su deidad, el patrono de esta ciudad.
 
El hombre crece hasta medir dos metros y medio y su piel cambia un color morado y luego su acentuada alopecia se convierte en una esplendorosa cabellera, luego dice con un tono fuerte.
 
—Zertal, el robusto está aquí.
 
Las personas que están en el prostíbulo, al escucharlo dejan sus actitudes lascivas y todos empiezan a implorar y a hacer plegarías ante su Dios. 
 
Zertal dice con un tono grandilocuente:
 
—Acompáñenme afuera, toda la ciudad necesita saber mi llegada.
 
Luego otra vez toma a su hijo de la cabeza y empieza a andar mientras la gente empieza a seguirlo. Viggo observa el movimiento de la muchedumbre e intenta seguir a su compañero. Al salir de la edificación, crea con sus manos una energía lumínica la cual lanza hacia el cielo y empieza a disiparse, las personas que ven la señal luminosa, reaccionan y avisan a sus familias y vecinos que su deidad está de visita. Una madre tras ver el fuego en el aíre desde su ventana, despierta a sus hijos y les comentan.
 
—Despierten hijos, vuestro Dios está aquí.
 
Zertal se dirige hacia la plaza principal, mientras que toda la ciudad de Belia, se arrejunta y buscan lo más posible acercarse al dios, hasta que se forma un gran tumulto de gente. Toda la gente se regocija ante lo que ellos consideran una experiencia divina, mientras exclaman fervorosamente su plegaria.
 
Al llegar a la plaza, el proclamado Dios grita fuertemente.
 
—Que todas sus plegarias sean cumplidas.
 
Luego lanza una gran bola de fuego al cielo, la cual causa una gran explosión y se divide formando otras luces más pequeñas y luego suelta a Asvard y les dice a sus emocionados seguidores.
 
—Afortunados habitantes de Belia, les he traído a mi querido hijo aquí.
Zertal le presume a todos a su retoño, mientras todavia lo sostiene de la cabeza y habla mientras empieza a zarandearlo. Viggo al intentar asomarse entre la muchedumbre, esboza una sonrisa y piensa sintiendose afortunado.
“Entonces, es hijo de Zertal, que buen compañero me he conseguido”
—Él fue parido por una humana y sí tiene un aspecto débil, pero a pesar de esa apariencia, él tiene una gran bendición, él es más poderoso que su padre.
 
Luego levanta la pesada estatua del parque sin denotar ningún esfuerzo. Uno de los habitantes de la ciudad comenta.
 
—Nuestro Dios es muy fuerte, como ese joven puede ser más poderoso.
 
El proclamado Dios tras alzar la pesada estatua, la lanza sobre su propio hijo, aplastándolo completamente. La gente queda completamente abrumada, alguien grita:
 
—¡Mató a su propio hijo!
Pero Zertal levanta la estatua y debajo de esta quedaba una sustancia gelatinosa y azul, de la cual se forma una cabeza con unas orejas puntiaguadas y luego Asvard muestra su rostro. La sustancia viscosa empieza a moldearse hasta tomar una forma humanoide y volver a retornar a su forma usual.
Tras ver ese asombroso hecho la gente empieza a vitorear, luego el proclamado Dios grita:
 
—Ahora es momento de que celebren mi llegada, muestren la alegría y regocíjense.
 
Algunos músicos empiezan a tocar la flauta, la trompeta y los tambores, la gente empieza a bailar y a celebrar. Mientras la gente festeja, Asvard le comenta su hijo.
 
—Miralos, ya mis fieles creyentes están felices, ahora sí, que querías decirme hijo.
 
Pero él le responde denotando fastidio:
 
—No podrías haberme contado antes de hacer todo esto, apenas puedo escucharte con todo este bullicio.
 
Zertal ignora las quejas de su hijo y le comenta:
 
—Los dioses dragón te están buscando, ellos son más poderosos que yo y eso ya es mucho decir. Si quieres respuestas debes ir a su palacio el cual se encuentra en el monte Trestal.
 
Asvard observa hacia el piso y deja su actitud cortante y empieza a hablar un poco conmovido:
 
—Padre, sé que me abandonaste desde muy pequeño y que las pocas veces que nos viste a mí y a mamá, te ibas inmediatamente, pero ya sabes soy tu hijo, y la mejor forma de saber mi origen es…
 
Pero luego observa como su padre, está sentado tranquilamente sobre una nube y está empieza a elevarse pausadamente.
 
La gente empieza a cantar en coro, mientras observan su lento ascenso.
 
Asvard dice fastidiado:
 
—Otra vez lo ha hecho, ni se porque lo intento.
 
La nube se encontraba alto, pero luego vuelve a descender y Zertal dice antes de irse:
 
—Yo me despido, pero les dejo a mi hijo, él cumplirá sus peticiones.
 
La nube vuelve a subir rápidamente y la gente canta en coro con un ritmo más rapido mientras este se va del lugar. 
Luego Asvard observa turbado y avergonzado como todos muestran una mirada de ilusión y esperanza hacia  él y empiezan a acercarse y a encomendarle sus peticiones. Tras sentirse acosado empieza a huir, mientras algunas personas empiezan a perseguirlo, mientras otros continuaban festejando por la visita de su deidad.
 
Al día siguiente, Viggo se encontraba caminando por la ciudad camino hacia a la taberna y pasa cerca a unos jarrones y escucha una voz.
 
—Oye sácame de aquí.
 
Él se muestra extrañado y observa uno de los jarrones, el cual inclina y del cual sale un gato. Pero la voz vuelve a llamarle la atención.
—Estoy aquí, vamos sácame de esta ciudad de una voz.
 
Viggo observa otro jarrón en el cual hay una especie de gelatina azul, el cual resultaba ser Asvard, el cual reclama.
 
—Sácame de la ciudad en este jarrón, no quiero que estos humanos me vean.
 
El mercenario toma el jarrón, pero un comerciante le llama la atención por llevarse una de sus mercancías, por lo que termina pagando por el artilugio.
 
Luego se dirige a la entrada de la ciudad, allí ve a un grupo de seis soldados dorelitas comprando víveres a una vendedora.
 
La mujer tras realizar su negocio, le dice de forma amable a los compradores:
 
—Que el señor Zertal, los bendiga y los proteja en su misión.
 
El capitán de los soldados observa a Viggo, el cual también le reconoce y a su vez, reacciona alejándose del lugar y saliendo de la ciudad.
 
Tras salir de la ciudad y mantenerse a un lugar fuera de la vista de la gente, Viggo coloca el jarrón en el piso y de este sale Asvard el cual empieza a moldearse a recuperar su forma humana.
 
Viggo pregunta:
 
—¿Y ahora a donde te diriges?
 
Asvard responde:
 
—Mi padre me dijo que los dioses dragón del monte Trestal esperan mi llegada así que me dirijo para allá.
 
El grupo de soldados también sale de la ciudad, el capitán dice con un tono burlón y haciendo unos ademanes.
 
—Que el señor Zertal te bendiga,
 
Sus subordinados empiezan a reírse, mientras continúa hablando:
 
—No puedo creer que la gente de esta ciudad sea tan estúpida, a fin de cuenta los dioses abandonan a la gente. Y por eso este nido de idiotas ni siquiera está anexado al reino, me pregunto si le seguirán rezando a su Dios, si los aremitas llegan a interesarse en este agujero e invadirlo.
 
Los soldados continúan riéndose, excepto uno de ellos, que se mostraba serio.
Aquel cual mantenía su cuerpo cubierto casi completamente por sus ropas holgadas y su capucha, aunque portaba una destacable bufanda roja que solo tapaba su boca. Lo único que podía verse de él eran sus ojos azules y sus largas pestañas.
 
El capitán le comenta al encapuchado:
 
—Ya llegamos hasta aquí, ahora dinos, ¿Dónde está la reliquia?.
 
El encapuchado responde:
 
—Tengo entendido que ha aparecido en alguna cueva en el monte Trestal o puede que se encuentre cerca a la cima. Si vamos allá debemos ser cautelosos con los dragones, espero que tengamos suficientes hombres, por si la situación se complica.
 
El capitán observa a Viggo y luego se le acerca a este:
 
—Pero mira que tenemos aquí, un hombre que prefiere de vivir de cazar la cabeza de vulgares bandidos y misiones de poca monta, en vez de servir al rey. Un hombre fuerte pero que desperdicia su poder, pero poco honor tienes.
 
Viggo se mantiene serio ante burlas.
 
Asvard pregunta:
 
—Acaso que clase de rango tienes para referirte a el de aquella forma.
 
El capitán dice con tono arrogante:
 
—Ha, Soy el capitán Siesler, uno de los comandantes reales de su majestad el rey Rode el cuarto, soberano del reino Dorel y gobernante de las tierras de Atavia. Así que, si quieres ser un ciudadano honorable, debes ir con nosotros a recuperar una reliquia en el monte Trestal, en vez de perder el tiempo con este mercenario.
 
Viggo responde sonriendo:
 
—De hecho, voy acompañarlos y a ayudarlos a recuperar la reliquia, pero solo lo haré si me dan una buena recompensa.
 
Siesler responde:
 
—Debí suponer que solo nos ayudaría si había dinero de por medio, pero ya que necesitamos hombres, dejare pasar tu avaricia por esta vez. Además, el rey tiene suficiente oro para pagarnos.
 
Asvard comenta a Viggo.
 
—En ese caso, puedes ir a la ciudad y pasar por mis pertenencias.
 
Él asienta y camina hacia la ciudad, cuando se aleja del grupo de soldados el joven pelinegro se le acerca y le comenta:
 
—Tal como están las cosas, parece que nos dirigimos al mismo lugar.
 
Viggo responde tranquilo y mostrándose optimista:
 
—Sí,  es momento de iniciar una nueva misión.
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