Cold Armony Capítulo 4

Ascenso al monte Trestal

 

Mientras que Viggo entraba a Belia a recoger las pertenencias de Asvard, Siesler le preguntaba al sujeto mientras este esperaba.
 
— ¿Por qué mandas al mercenario por tus cosas?
 
Asvard responde mostrándose muy fastidiado.
 
—Solo quiero evitar a la gente de esta ciudad.
 
Siesler dice en tono burlón.
 
—Ven, este nido de adoradores crédulos, es lo suficientemente repulsivo como para repeler a este sujeto.
 
Los subordinados de Siesler empiezan a reírse.
 
Viggo regresa con el caballo y las demás pertenencias de su compañero. Siesler al observar lo que habían traído, le pregunta al dueño de aquellos objetos.
 
—¿Es que no tienes alguna arma?
 
Asvard toma su pala y responde.
 
—Con esto será suficiente, es la única herramienta que necesito.
 
El capitán responde:
 
—Acaso piensas luchar con esa pala.
 
Asvard mira de forma seria a todas las personas presentes y responde:
 
—Sí, además será necesaria para enterrarlos, por si alguno de ustedes muere.
 
Siesler se muestra serio, aunque sus subordinados empiezan a reírse, mientras que uno de ellos comenta.
 
—Eres más gracioso que el capitán.
 
Pero tras decir ese comentario el joven baja su sombrero mostrando una pequeña muestra de desprecio, mientras piensa:
 
“Lo decía en serio, débiles humanos”
 
El joven encapuchado al ver a los demás reírse, y comenta haciendo unos enérgicos ademanes.
 
—Va un comerciante de Ois montando su camello en el desierto y luego se encuentra con un sujeto y este le pregunta: a donde te diriges, el comerciante responde me dirijo a Alavis, y el sujeto responde, yo también. Ambos caminan durante bastante rato, pero el sujeto pregunta, te he seguido y ya llevamos varios kilómetros hacia el sur y no hemos llegado, pero el comerciante responde: ir hacia el sur, pero si solo iba hacia donde mi camello me llevaba.
 
El sujeto encapuchado empieza a reírse, pero lo demás ponen una cara seria denotando que ese intento de chiste no causaba nada de gracia. Al ver la reacción de los demás responde:
 
—Ustedes no tienen sentido del humor.
 
Viggo dice:
 
—Con razón eres tan callado, parece que te colocas esa bufanda para evitar que sueltes esos terribles chistes.
 
Asvard suelta una ligera risa, mientras que los subordinados de Siesler empiezan a reírse. Pero el capitán se muestra molesto y dice:
 
—Dejen de perder el tiempo, monten sus caballos y vayamos de una vez.
 
Todos se suben a sus respectivas monturas y se dirigen hacia el monte Trestal. El grupo de Siesler toma la delantera, mientras que Asvard y Viggo permanecen detrás de ellos.
 
El joven pelinegro le pregunta al mercenario:
 
—¿No te molesta que ese sujeto te hable de esa forma tan despectiva?
 
Viggo responde:
 
—Me da igual lo que diga, yo decido que hacer con mi vida.
 
Mientras tanto Siesler dice unas palabras de ánimo, para alentar la valentía en sus soldados.
 
—Tener esta reliquia será solo un paso hacia la gloria, en cuanto encontremos más, el reino de Dorel superará a los dioses, seremos más poderosos que Zertal y todos esos malditos oportunistas y escupiremos en la cara de sus seguidores. Venceremos a los aremitas, conquistaremos sus tierras y seremos la nación más grande y prospera sobre la tierra.
 
Los soldados exclaman en coro:
 
—¡Sí señor!
 
Tras escuchar esto Viggo le pregunta a Asvard.
 
—¿No te molesta que hable así de tu padre?
 
Él responde mirando hacia el cielo:
 
—De cierto modo cuando era niño me molestaba que mi padre me hubiera abandonado a mi madre y a mí, pero, de cierto modo lo entiendo. A fin de cuentas, él es un ser errante, pero eso es lo que le da estatus divino, en vez de quedarse en un solo lugar, es mejor que el viaje por el mundo, consiguiendo más seguidores… Y bueno dándome más hermanos.
 
El encapuchado quien iba delante de los dos sujetos que conversaban comenta.
 
—Ustedes dos, que hacen tan apartados del grupo o es que prefieren estar a solas.
 
Viggo le responde:
 
—Ese capitán es bastante odioso con nosotros. No le molestará que nos alejemos un poco.
 
Pero el encapuchado mira de forma engreída a los dos hombres y comenta:
 
—No parecen muy apegados al reino de Dorel— se queda pensativo y empieza a divagar — ¿Podría ser que tengan intenciones diferentes, tal vez si, tal vez no, que sé yo? Igual, todos nosotros sabemos de la reliquia gracias a que yo obtuve la información, así que me presento, mi nombre es Kazi y por ahora solo quiero saber quién colocara sus manos sobre la reliquia.
 
—Yo soy Viggo— dijo el hombre fortachón presentándose, pero Kazi había tomado algo de distancia.
 
—Mi nombre es Asvard— grito el joven pelinegro, pero solo observa con intriga al encapuchado y piensa.
 
“Que se traerá ese sujeto entre manos”
 
Tras una larga cabalgata, el grupo empieza a ascender por una rojiza y escarpada montaña, hasta que encuentran un hecho producto de la mano de un hombre, allí yacían muchos restos de una peculiar especie de tortuga, todos estas pudriéndose bajo el sol de la tarde, mientras un hombre utiliza un rudimentario cuchillo con el que empieza a trabajar con sus caparazones. Siesler le dirige la palabra a aquel hombre.
 
—Estamos buscando una reliquia que se encuentra aquí cerca, puedes darnos una colaboración y servir al reino de Dorel.
 
Pero aquel hombre, respondió sin mirar a la cara a su intercesor, mientras seguía concentrado raspando con un cuchillo el caparazón de una tortuga.
 
—Estoy preparándome para cazar un dragón.
 
Siesler responde:
 
—Esos dragones son bestías sanguinarias. Lo mejor es estar listos, si llegan a atacarnos.
 
Pero aquel hombre continuaba trabajando con los restos óseos de los reptiles que había masacrado y comenta:
 
—No me interesa unirme a su grupo y conseguirle la reliquia al rey, por ahora estoy preparándome para cazar uno de los mejores especímenes de dragón que rondan esta montaña.
 
Pero el capitán de los dorelitas dice en tono burlón.
 
—¿Entonces qué vas a hacer? Vas a quedarte matando unas lentas y simples tortugas.
 
El sujeto responde:
 
—Unas lentas e simples tortugas que escupen ácido, las crotorlas escarlatas no son como una tortuga cualquiera, estás bestias ya se consideran monstruos y la cota de malla hechas con su caparazón no solo ofrecen una buena protección en el combate, también es resistente contra el fuego, por lo que es el equipamiento ideal para poder enfrentar un dragón. Así que me quedare aquí forjando la armadura completa.
 
Asvard pregunta:
 
—¿Por qué tanto interés por cazar un dragón?
 
Aquel hombre responde:
 
—Es por mi orgullo, yo soy Unta, cazador de monstruos, normalmente con las escamas y huesos del dragón podría hacer las mejores armaduras de combate y vendérselas el ejército dorelita. Pero lo que más me inspira es cazar a las bestias más poderosas y demostrar mi supremacía.
 
Asvard lo mira de forma despectiva, Siesler al notar aquel gesto le dice:
 
—Comprendo esa reacción, dejemos de perder el tiempo con este sujeto al que le gustan las tortugas y busquemos la reliquia.
 
El grupo se aleja del cazador y continúa subiendo la montaña, pero ha anochecido por lo que todos se detienen para acampar. Uno de los soldados comparte con Asvard, Viggo y Kazi parte de los suministros que compraron en Belia y luego comenta:
 
Viggo dice sonriendo:
 
 Gracias amigo.
El soldado responde:
 
—Mi nombre es Jol, por cierto creen que nos encontraremos un dragón.
Kazi responde:
 
—Ya les advertí que aquí rondan esas criaturas. Te he visto algo inquieto mientras hablamos con el cazador.
 
El soldado responde:
 
—Es que hay están todos esos cadáveres de crotorlas, ese sería un buen cebo para atraerlos y si los dragones vienen en la noche y se comen uno de nuestros caballos. Recuerdo hace unos días que tuve una batalla con los aremitas, sobreviví sin problemas el combate, aunque esos bastardos me tumbaron del caballo, este salió corriendo, en cuanto lo encontré, apareció uno de esos bichos escamosos y alados y se lo estaban comiendo. Así que me escondí detrás de una piedra hasta que este se fuera.
 
Asvard interrumpe:
 
—Entonces el dragón, ¿Se empezó a comer a tu caballo empezando por la cabeza o por las vísceras?
 
El soldado queda algo extrañado con esa pregunta y responde:
 
—¿Qué clase de pregunta es esa?
 
Asvard responde:
 
—Solo tenía curiosidad, cuanto tiempo tomaba morir bajo los colmillos de un dragón.
Siesler se acerca a escuchar la conversación y responde con su tipico tono altivo:
 
—Pero que sujeto tan raro, son solo caballos, además si tanto les preocupa, podríamos turnarnos en la noche para hacer guardia.
 
Luego señala a Viggo y a Asvard y les ordena.
 
—Ustedes serán los primeros en hacer guardia.
 
Después de comer apagan la fogata y aquellos dos acatan la orden. Mientras que los demás se acuestan a dormir.
 
Siesler se acuesta demasiado cerca de Kazi y le mira con deseo y luego le comenta:
 
—Te ves algo delicado, tras esas ropas, tu piel se ve algo suave.
 
Pero aquel sujeto responde:
 
—No es como tú piensas.
 
Luego se levanta la bufanda, mostrando la piel de su boca, la cual se veía completamente quemada y luego dice:
 
—Mi piel no es tan linda como dices.
 
Luego le observa de forma arrogante y dice:
 
—No sabes lo que hay tras estas vendas. Supongo que no querrás darles una idea equivocada a tus subordinados. Por cierto, yo también tomare este turno para hacer guardia.
 
Siesler mira con desprecio a Kazi y luego cierra los ojos para descansar.
 
El sujeto encapuchado se dirige hacia Viggo y le pregunta:
 
—¿Le sucede algo a tu amigo?
 
Él responde:
 
—Él es así.
 
Asvard se encontraba recostado en una roca mirando las estrellas en su cabeza resuenan las palabras que había dicho Siesler.
 
—El reino de Dorel superara a los dioses, seremos más poderosos que Zertal y todos esos malditos oportunistas.
 
Luego observa a Viggo y a Kazi y comenta:
 
—Solo estaba abstraído pensando, recordando algunas cosas. Para pasar el rato podría contarles una historia.
¡Sé el primero en votar!
Deja un comentario