Cold Armony Capítulo 5

El niño divino

 

Asvard observa a sus dos compañeros y les narra el preámbulo de su relato.
 
—Hace unos diez años, el pueblo de Visiconia era un lugar fértil y próspero. Yo vivía en aquel sitio, mi padre siempre estaba ausente, pero mi madre tenía un pequeño viñedo con el cual sobrevivíamos.
 
Tras respirar honda sus recuerdos lo transportan al pasado, mientras continúa relatando lo sucedido.
 
Se vislumbra la imagen de un chico recostado ante las paredes de su casa sintiendo el cobijo de las sombras. Ese chico era nuestro protagonista. Su piel sensible al sol, le dificultaba jugar con otros de su edad. En ese entonces llega su padre, el cual entra bastante alegre.
Aunque el recibimiento de Asvard y su madre no fue tan cálido.
 
La mujer le dice con recelo:
 
—Se puede saber qué haces por aquí.
 
Zertal responde sonriente:
 
—Le traje un regalo a nuestro hijo.
 
Luego le muestra un sombrero extraño pero cuya forma le permite protegerse ante el sol. La madre de Asvard observa aquel presente con asombro y empieza a reclamar:
 
—¿Dónde has conseguido algo así?
 
—No hay nada imposible para los dioses—dijo Zertal con orgullo.
 
—¿Ese sombrero se ve bastante extraño, que tan lejos has tenido que viajar?
 
—El lugar de donde lo obtuve no importa, supe de el inconveniente que tenía nuestro pequeño, así podrá al menos salir de la casa y ser como la gente normal.
 
Asvard recibe el sombrero y agradece de forma seca.
 
—Gracias padre, supongo que ahora tendrás que buscarles regalos a tus otros hijos.
 
Zertal dice a carcajadas:
 
—Pues claro, soy un gran padre.
 
A pesar de sus palabras, el ambiente seguía tenso. El niño expresa su inconformismo.
 
—Por qué te quieres mostrar como un buen padre, si siempre nos abandonas, abandonas el pueblo, abandonaste a mi mama y a mí.
 
Tras las palabras de su hijo se mantiene tranquilo y responde:
 
—Supongo que ya no podre tener una cálida bienvenida, pero igual ya te disté cuenta como son las cosas, al menos podre irme sin menos problemas.
 
Zertal sale de su casa, Asvard se coloca el sombrero y le sigue. Luego aquel hombre materializa una nube con sus manos y luego se monta sobre esta la cual empieza a ascender, pero luego observa a su chico y le dice:
 
—Pequeño, tienes algo que decirle a su padre antes de que se vaya.
 
Asvard observaba como podía salir de su casa debido a que llevaba puesto el sombrero y este protegía su rostro de los rayos del sol, él sentía resentimiento debido a la partida de su padre, pero a su vez se sentía gratitud por el regalo.
El chico quería desquitarse, pero dice dejando escapar unas lágrimas:
 
—Gracias por el sombrero.
 
Zertal muestra una tranquila y ligera sonrisa ante su hijo y luego continua su recorrido en su nube.
 
Asvard regresa a su casa desanimado y otra vez se recuesta en las paredes. Su madre al observarlo, intenta consolarlo.
 
—Hijo, ya sabemos cómo es tu padre, pero mira que al menos te dejo ese sombrero. Puedes salir a jugar afuera.
 
El chico sale tímidamente de la casa y observa hacia afuera. Cerca aparte de las casas del pueblo había un campo abierto con unos cuantos arbustos y un olivo.
La mujer se queda observando como el chico explora curiosamente.
El niño se acerca al olivo y ve a dos chicos mayores que él, que están trepados allí. Pero ya que el árbol da bastante sombra decide recostarse.
Uno de los chicos le llama la atención.
 
—Oye, ven y sube. Hay buena vista aquí.
 
Asvard ve a aquel niño en el árbol y piensa:
 
“Sí el llego allí, supongo que debe ser fácil”
 
Luego intenta escalar, pero sus esfuerzos son en vano. Los dos chicos empiezan a reírse. Pero él continúa esforzándose hasta que lo logre y responde orgulloso.
 
—Les dije que lo lograría. Tontos.
 
Uno de ellos dice:
 
—Ahora estás en nuestro reino, paganos con oro.
 
Asvard coge algunos de los frutos del olivo y dice:
 
—Sería una lástima que perdieran su riqueza.
 
Luego suelta los frutos y se baja del árbol y recoge lo que se le había caído.
Un chico se baja del árbol y reclama:
 
—Devuélvenos eso ladrón.
 
Y empieza a perseguir a Asvard pero él se agota rápidamente y le arrebatan los frutos de olivo.
El otro chico se baja del árbol y pregunta:
 
—Eres el niño que casi no sale de casa, por cierto, cómo te llamas.
 
Él responde
 
—Soy Asvard.
 
El chico se presenta a sí mismo y a su amigo:
 
— Yo soy Arles y él es mi hermano Lerno.
 
Asvard se quita el sombrero y dice:
 
—Ya está atardeciendo podríamos seguir jugando.
 
Arles responde:
 
—Es momento de ir a nuestras casas, pero podríamos seguir jugando mañana.
De esta forma Asvard empezaba a interactuar con otros niños. Un día tras reunirse con Arles y Lerno caminan hasta llegar a una cañada cercana cuya pendiente estaba bastante pronunciada y en el fondo de esta había un pequeño riachuelo que corría sobre grandes piedras. Ellos empiezan a competir para ver qué tan lejos lanzaban piedras sobre dicha fuente de agua.
 
Asvard dice con curiosidad:
 
—Aquí hay bastantes insectos.
 
Mientras tanto Lerno le aseguraba a Arles que él iba ganando en su juego sin reglas y señalaba hacia el río.
 
—Mira, yo lance esa piedra más lejos voy ganando.
 
Pero Arles responde:
 
—Esa piedra ya estaba cuando llegamos.
 
Mientras tanto Asvard se distraía observando un escarabajo y se acerca hacia unos arbustos, pero da un paso en falso y termina resbalando y cayendo por la cañada.
Los dos chicos observan la caída de su amigo preocupados y corren hacia el pueblo en busca de ayuda.
 
Unas cuantas personas se acercan a auxiliar al chico.
Asvard había caído sobre una roca y permanecía con sus piernas y brazos doblados, pero a pesar de eso el chico apenas había sentido el impacto, mientras reacciona sus extremidades adquieren su forma original. Las personas que estaban cerca habían visto como el chico salía ileso de esa fuerte caída. Tras esto la gente del pueblo había quedado sorprendida. Pero ese peculiar niño todavía no entendía lo que sucedía.
Al llegar a su casa le comenta a su madre lo sucedido.
 
—Me caí desde muy alto y choqué contra una piedra y estoy bien, pero todos parecen tan sorprendidos.
 
Ella responde:
 
—Hijo, una persona normal, se hubiera lastimado gravemente en una situación.
 
El niño responde:
 
—Una persona normal… Entonces dices que yo también pueda ser como mi padre.
 
Pero ella mira un poco absorta a su hijo y permanece en silencio. Luego comenta con una modesta sonrisa.
 
—Tú no eres como tu padre, eres como un niño normal solo que más resistente.
 
Pero el chico se ve poco convencido ante la reacción de su madre.
 
—Pero entonces soy un dios o no.
 
Ella lo abraza y responde:
 
—Eres mi hijo eso es lo que importa.
 
Asvard responde:
 
—Si fuera un Dios, haría lo que se me diera la gana como hace papá.
 
Después de esa conversación la madre de Asvard va al viñedo a recoger uvas, mientras el chico prefiere quedarse en casa. Poco después reciben visita por parte de un anciano el cual tenía el cargo de ser el líder del pueblo, el cual habla con la mujer mientras el chico escucha a lo lejos.
 
—No hay duda, ese chico es el que ha traído abundancia al pueblo, desde que lo tuviste, las tierras han sido fértiles y ha habido suficiente lluvia. —dijo aquel señor.
 
Pero ella observa a su hijo y responde:
 
—Eso es cierto, pero es un niño, todo esto podría abrumarlo.
 
El hombre responde:
 
—Está comprobado que el favor la bendición de un dios asegurada y es algo que no podemos perder. Como líder del pueblo tomare las medidas necesarias.
 
Una semana después, el mismo hombre vuelve a aparecer en la casa y le dice a la mujer y al niño.
 
—El pueblo de Visiconia tiene algo preparado para ustedes.
 
Ellos caminan hasta el área central del pueblo para ver una especie de trono adornado. Todo el pueblo estaba hay esperándolos y los reciben de forma solemne. Luego el líder del pueblo dice con un tono grandilocuente.
 
—Finalmente, el altar de nuestro dios está listo, durante años hemos recibido tus bendiciones y ahora que finalmente manifiestas tu poder ante nosotros te podemos dar la adoración que te mereces.
 
Arles le comenta sorprendido a Lerno:
 
—¡Genial! todo este tiempo hemos sido amigos de un dios.
 
El hombre guía a Asvard hacia el trono decorado y el niño se sienta allí y luego solo observa desconcertado como todos se arrodillan y empiezan a adorarle y luego le encomiendan sus cultivos, sus posesiones y sus propias vidas ante él. Pero no entendía que sucedía y se preguntaba así mismo.
 
“Acaso mi sola presencia es la que ha traído el bienestar a todas estas personas, no sé porque todos se comportan de esta forma, pero, están felices no sé qué he hecho para que se comporten así”
 
De esta forma el culto al niño divino empezó en Visiconia, Asvard tenía que sentarse en el altar todos los días y la gente se le acercaba a hacerle peticiones y a su vez, le dedicaban ofrendas como monedas de oro, aunque el chico prefería las uvas y otros frutos con los que podía deleitarse, de cierto modo ese estatus le garantizo una mejor vida al él y a su madre. Con el pasar del tiempo Asvard todavía no sabía cómo todo lo que le pedían se terminaba cumpliendo, pero cada vez se terminaba convenciendo a sí mismo, al igual que los habitantes del pueblo, que toda esa prosperidad era gracias a él. La situación siguió igual por cinco años.
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